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Signos Literarios | BEATRIZ SCHAEFER PEÑA (*)
El mundo que imaginamos los poetas
domingo.8.abr.2007

Introducirnos en el ámbito de la poesía implica, de por sí, entrar en ese estado de alerta al que aludía el poeta argentino Edgar Bayley. Mucho se ha dicho de la "poiesis" y sus implicancias que no son más que ese acto de aproximación entre poeta y Poesía a través del único medio posible y catalizador: el poema.


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Nos encontramos así con el poeta, un ser capaz de obrar como disparador de un mundo esencial y que usa como única arma valedera a la palabra trascendida. Raúl H. Castagnino nos dice que: "resulta difícil concebir al ser hipertecnificado de un mundo de tuercas, tornillos y botoneras electrónicas con pausas, ocios o encantamientos disponibles para llenarlos de goces líricos inefables....Moles de cemento le han birlado el pedacito de cielo visible, la luna, las estrellas".

Pero también es cierto que quien es capaz de extraer de la palabra su íntima voz, su última musicalidad, para después revelarla, sabrá también re-encontrarse en ese espacio donde todo es posible, aún aquello invisible a los ojos profanos. Vemos entonces que el poeta, igual que un magista, debe extraer del ámbito que lo circunda aquellos elementos necesarios para producir, desde su propia creación, la conmoción en el otro, es decir, la re-creación.¿ Pero qué mundo es al que aspira para poder lograr el perfecto equilibrio entre sueño y realidad; puente y espacio? ¿Cómo subsistir donde lo cotidiano se manifiesta de una manera brutal, contundentemente destructiva, la mayoría de las veces? ¿Cuál es el camino del acierto entre tantos que se ofrecen a modo de abanico?

En este Siglo XXI, recién iniciado, comprobamos que muy poco es lo que ha cambiado el hombre en su naturaleza y desde épocas primigenias. El odio, la envidia, la ambición y la soberbia lo colocan en un estadio en donde, si bien es cierto que el progreso ha llegado a límites insospechables en lo técnico y en lo científico como, por ejemplo, planificar y elaborar la vida en sí, también la destrucción lo erige en su mayor artífice. El poeta, entonces, frente a este referencial que es el hombre contemporáneo, ciudadano de un mundo globalizado, se enfrenta al eterno problema de la vida en oposición a la muerte: nada hay en el mundo invulnerable a la temporalidad, salvo la gloria, ese reconocimiento para siempre en el ánimo del otro, en la historia. Para salvarse, para lograr de algún modo su permanencia, el poeta debe hacerlo estableciendo la comunicación con sus semejantes. Pero para aspirar a un mundo pleno, hay que buscar, primero, la plenitud del ser. Unamuno expresaba que para entablar la relación existencial con el otro, primero había que dirigirse al hombre interior, es decir, al sí mismo: "Yo soy el invisible/ Anillo que sujeta/ El mundo de la forma /Al mundo de la idea." nos dice Bécquer y comprendemos, desde la apretada síntesis de estas Rimas, toda su verdad existencial; y más tarde, Vicente Huidobro nos deja casi el mismo mensaje cuando nos dice que: " La poesía es. La poesía forma parte del ser universal, es su esencia misma y por eso sólo los poetas conocen los hilos que unen las cosas."

Vemos entonces que la única propiedad del hombre es su yo donde reside, no solamente su individualidad, sino también el centro de su creatividad. "El mundo de los héroes y de los dioses- nos dice Octavio Paz- no es distinto del de los hombres: es un cosmos, un todo viviente en que el movimiento se llama justicia, orden, destino. El nacer y el morir son las dos notas extremas de este concierto o armonía viviente y entre ambas aparece la figura peligrosa del hombre".

Pero si el poeta es un ser fundacional buscará, necesariamente, el espacio en el cual su permanencia sea posible más allá de su propia finitud y siempre desde y a través del lenguaje. Difícil empresa, por cierto, teniendo en cuenta su marginalidad dentro de la sociedad. Día tras día somos partícipes de la pérdida del propio lenguaje, de su
deformación en la penetrante inserción de palabras extranjeras que lo bastardean y lo debilitan. El hombre, paradójicamente, se ha convertido en esclavo del progreso que él mismo ha instalado en la sociedad, como pretendida meta.; pero el poeta, prevaleciente más allá de esa instancia, marginado de ese mundo donde lo material se impone y no cabe espacio al vuelo del espíritu, será, de todos modos, testimonio y basamento de la realidad que lo circunda.

Profeta de su tiempo, se convierte en un ser peligroso que puede testimoniar su entorno, su acontecer. Sin embargo, en pleno Siglo XXI, ese Mago transformador de realidad-sueño; goce-desventura, se ve obligado a asistir, días tras día, al despojo de su territorialidad: la palabra, casi asesinada, empobrecida, despojada de significación.

Ese mundo-ideal, al que aspira el ciudadano de nuestro hoy "globalizado" del cual somos, también, partícipes, sabemos que no es más que la metáfora de una enorme mentira, una gran burbuja inflada de ambiciones, poder y corrupción. ¿Y qué espacio queda allí para el poeta, ser privilegiado por ser el vigía de los dioses, como aludían los griegos. ? Un intersticio, sin duda, porque él, desde su voz, sigue en pié, vigente, más allá del tiempo y las conjeturas, para darle sentido a las palabras; para revelar lo que un hombre común jamás podría conocer, ni siquiera desde el atisbo: la perdurable belleza a la que aludía Platón.

Habitante de la soledad, el poeta "crea" en su entorno ese espacio de libertad absoluta en el cual buscará los elementos propicios para su expresión. Cada objeto, cada paisaje descubierto, cada asombro que lo conmueva será, seguramente, el punto de partida hacia su propia conmoción que después nos la devolverá convertida en revelación, es decir: en el poema. Algunos, seguramente, buscan lograr esa transmisión desde una mirada contemplativa que se detiene en la naturaleza; otros, por el contrario, ajustan su visión al espacio de lo abstracto o de lo indefinible. Pero de una u otra forma, la concepción de la obra deberá estar dada, siempre, desde la autenticidad. Keats decía que: " Sólo la Poesía puede narrar los sueños"; bellísima manera de expresar la íntima convicción del poeta, su destino ineludible como tal y peligroso, muchas veces. El filósofo rumano Miguel Dragomirescou,  nos dice: "Los artistas y los poetas confunden a veces el mundo de  sus obras maestras, donde sólo imperan las leyes de su genialidad
creadora, con el mundo real, que posee no solamente leyes físicas sino también morales a las que no se puede infringir sin riesgos. En este caso pueden caer en faltas  que la sociedad o la posteridad condenan implacablemente." Y más adelante agrega: "Las alegrías del arte lo redimen así de las amarguras de la vida".

El mundo-ideal, entonces, que imaginamos los poetas, es ese espacio-territorio que conforma un Todo y del cual, ineludiblemente, deberemos ser su intérprete, con la fidelidad que solamente da la certeza, desde las imágenes, los símbolos y la palabra: primer instrumento divino que hizo posible aún lo imposible.,. Tal vez los poetas, seres privilegiados, logremos encontrar ese Universo,. o tal vez nos toque decir, como el Moisés del poema de Alfredo de Vigny, dirigiéndose a Dios: Dejadme dormir el sueño de la tierra./¿Qué os he hecho para ser vuestro elegido?
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BIBLIOGRAFÍA
Raúl H. Castagnino:"Fenomenología de lo poético"
Julio Arístides: "Unamuno, dialéctica de la tragedia existencial"
Octavio Paz: "El arco y la lira"
José Isaacson: "El poeta en la sociedad de masas"

(*) Para Corrientes al Día


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